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Fuego de San Telmo: El raro fenómeno visto desde un avión en pleno vuelo.

Fuego de San Telmo desde la cabina de un avión. Una azafata publicó el video en su cuenta de Instagram. Es un fenómeno natural poco frecuente que asustaría a cualquier persona ajena del mundo de la aviación.

En la grabación desde la cabina de mando se observan grandes ráfagas, que a primera vista se parecen mucho a los rayos.

La azafata adjuntó también el comentario de un piloto que se apresuró a calmar los temores de muchas de las personas que vieron el video.

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Julia Choco, es la azafata rusa que publico el vídeo en sus redes sociales.

Los pilotos no consideran a ese fenómeno meteorológico como peligroso, ya que generalmente no causa ningún tipo de daño al avión, pero sí asusta mucho a los pasajeros que desconocen de este fenómeno natural.

Probablemente sea uno de los fenómenos naturales eléctricos menos conocidos y con el que es menos frecuente encontrarse, y aunque su nombre infunde temor, no es ningún tipo de fuego (es plasma), ni tampoco son rayos. El fuego de San Telmo es electricidad estática de la atmósfera, es una descarga luminiscente o resplandor de luz. Los objetos conductores de electricidad empiezan a desprender pequeñas llamaradas por la ionización del aire dentro del campo eléctrico que originan estas tormentas. El aire ionizado desprende esa luz entre azulada y violeta característica del fenómeno.

¿De dónde proviene su nombre?

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El fuego de San Telmo fue observado ya desde tiempos remotos por marineros en los mástiles de los barcos.

En la antigüedad, el fuego de San Telmo se observaba con frecuencia en el mar. Los marineros conocían bien estos fogonazos puesto que se formaban en las puntas de los mástiles de los barcos, y aunque parecían estar en llamas, no se quemaban. Llegaron a pensar que era una protección de un santo (San Telmo es el patrono de los marineros), y es de ahí de donde proviene su nombre.

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Eso sí, cuando se producía en los antiguos dirigibles era muy peligroso porque el hidrógeno que se utilizaba para llenarlos y era extremadamente inflamable. En el accidente del zepelín Hindenburg, en Nueva Jersey, el 6 de mayo de 1937, se observó un destello de fuego de San Telmo, se prendió fuego en la parte superior de la popa, extendiéndose casi instantáneamente por todo el dirigible.

Charles Darwin, en un viaje por el río de la Plata, quedó maravillado por el “fuego que no ardía”. La explicación es que este fuego se produce a temperaturas bajas, con lo que no es probable que se produzcan incendios.

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