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VIDEO: Conoce al urutaú, o pájaro fantasma, su grito se asemeja al lamento humano

El pájaro estaba posado en un poste de madera en Colombia , cuando una mujer lo encontró. Al principio pensó que era un palo, pero cuando se acercó se dio cuenta de que en realidad era un animal.

La mujer dijo: “ La primera vez que lo vi pensé que era un palo, pero se movió y me acerqué a él.

“El pájaro abrió los ojos y la boca y me asustó mucho, pero siendo tan extraño decidí tomar fotos y grabar videos.

«Cuando me acerqué, levanté la mano y él abrió la boca en respuesta.

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Resultó que el pájaro era en realidad es el nictibio urutaú (Nyctibius griseus), también denominado, pájaro fantasma, biemparado norteño, pájaro bruja, cacuy, pájaro estaca, ayaymama o estaquero,​ es un ave que se encuentra en Centroamérica y Sudamérica

En el video se aprecia al pájaro camuflado en lo alto de un tronco de madera, abre su boca y empieza emitir un grito melancólico persistente, como un lamento humano, que disminuye en intensidad y volumen.

En Perú se le conoce como ayaymama debido a su canto que se asemeja al lamento de un niño que dice ¡Ay, ay, mamá!
En México se le conoce como «serenera» por el hecho de aparecer del sereno o niebla en los árboles.

Leyendas asociadas

Cuenta la leyenda que una epidemia estaba acabando con la gente de una comunidad nativa. Que la madre de dos niños, sintiéndose con los primeros síntomas de la enfermedad, quiso salvar del mal a sus pequeños y entonces los llevó un monte lejano y los dejó en ese lugar. Cerca había una linda quebrada, abundante en peces y árboles frutales. Con gran pena los dejó, sabiendo que no los volvería a ver más. Ellos jugaron, comieron frutos y se bañaron en la quebradita, pero ya en la noche sintieron la falta de su madre y partieron en su búsqueda, sin embargo se perdieron en el monte.

Asustados, llorando de pena decían cómo no ser aves para poder volar donde mamá. Y el espíritu de la selva tuvo pena y los convirtió en avecitas y ellos volaron, pero cuando llegaron a su pueblo vieron que ya nadie vivía, todos habían muerto. Desde entonces no dejan de volar y volar, y cuando se posan en lo alto de un árbol, cansados de buscar a su madre, hacen oír su canto lastimero: «ayaymamá… ayaymamá…»