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Así murió ‘Uriel’: un estudiante lo entregó a cambio de $500 millones

El joven que hacía parte de los adeptos al grupo guerrillero del cabecilla, entregó las coordenadas exactas a la policía y a cambio recibió 500 millones de pesos.

Tras ser abatido el pasado 25 de octubre, se siguen conociendo detalles de la operación contra Andrés Felipe Vanegas, alias ‘Uriel’, tercero al mando del Frente de Guerra Occidental del ELN. Dos jóvenes fueron clave en la captura del cabecilla tras un operativo de inteligencia de 12 meses de la Fuerza Pública en Chocó.

Según la unidad investigativa del periódico El Tiempo, hubo una lista de hechos que delataron el paradero exacto de ‘Uriel’. Para empezar, los desmanes en Bogotá el pasado mes de septiembre tras la muerte del abogado Javier Ordoñez. Esas jornadas fueron clave.

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Tras la quema indiscriminada de Centros de Atención Inmediata (CAI) por parte de la ciudadanía, ‘Uriel’ se atribuyó a sí mismo, y a sus hombres, acciones correspondientes a las manifestaciones, “nuestra milicia urbana participó como una más (…) Hay que acabar con esos centros de tortura y muerte”, detalló el abatido integrante del ELN.

Un joven estudiante de una prestigiosa universidad, según El Tiempo, fue el responsable de la compra de los elementos utilizados por los infiltrados en las manifestaciones de septiembre. Entre esos objetos, overoles y capuchas, y ese mismo joven había sido grabado por las autoridades encargadas del operativo saliendo de la zona selvática de Nóvita (Chocó),

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El cabecilla era el encargado de la dirección general del ELN de reclutar jóvenes a través de redes sociales para, al final, unirlos a las filas de la estructura terrorista o como le decían dentro de la organización “colectivos virtuales de estudio y trabajo revolucionarios”.

El joven fue seguido por oficiales de inteligencia quienes lo vieron tomar una lancha rápida para irse hacia Buenaventura, “esta vez, iba a llevarle a ‘Uriel’ el parte de la jornada de disturbios, en la que destruyeron un cajero electrónico e instalaron papas bomba en la avenida Barranquilla, de Medellín”, le dijo al medio uno de los oficiales.

Al joven se le unió una mujer que, por un característico y pronunciado tatuaje en la espalda, fue fácil de reconocer como una de las aliadas de Uriel. La mujer de estatura media, cabello castaño, ojos claros y contextura delgada, visitaba con frecuencia el campamento del guerrillero, al parecer, era una de sus parejas.

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Gracias a sus constantes movimientos en la zona, un infiltrado de las autoridades, que estuvo durante varios meses dentro del Frente de Guerra Occidental, logró dar con los campamentos en los que el joven estudiante concurría, en las que se encontraban más jóvenes universitarios originarios de Pereira, Medellín y Bogotá, quienes llegaban allí a recibir ‘talleres de milicias’, un semillero para pertenecer a las células urbanas.

Esto responde a uno de los crímenes de los que el presidente Iván Duque lo acusó cuando le anunció al país que ‘Uriel’ había sido de baja: reclutamiento de menores. El cabecilla era el encargado de la dirección general del ELN de reclutar jóvenes a través de redes sociales para, al final, unirlos a las filas de la estructura terrorista o como le decían dentro de la organización “colectivos virtuales de estudio y trabajo revolucionarios”.

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Uriel recibía a niños desde los 12 años de edad para incorporarlos a su grupo guerrillero y empezar un adoctrinamiento propio de la organización ilegal. A esto se suma los niños que usaba como escudos humanos ante las autoridades que, en su mayoría, eran niños indígenas e hijos de otros guerrilleros.

“Su misión quedó trazada en el esquema de ‘levantamientos populares’, que busca trasladar la confrontación a 10 ciudades: Bogotá, Cali, Medellín, Barranquilla, Cartagena, Cúcuta, Bucaramanga, Barrancabermeja, Popayán y Neiva”, argumentó un oficial de inteligencia que coincide con la versión de las autoridades que dice que lo que hacía ‘Uriel’ con los jóvenes era “lavarles la cara de narcotráfico a comandantes del ELN, con sus discursos seudopolíticos”.

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El joven estudiante, que había comprado por primera vez los overoles y las capuchas para los disturbios de septiembre, fue interceptado por la Policía para ofrecerle una recompensa de 500 millones de pesos que les diera la ubicación exacta de Vanegas, “sabíamos que su debilidad era el ingreso de estudiantes y contactos logísticos a los campamentos. Por eso, el estudiante era la pieza clave para llegar hasta él, protegiendo a los menores”, señaló un oficial del operativo.

Y es que según los investigadores del caso, Uriel recibía a niños desde los 12 años de edad para adentrarlos a sus campamentos y empezar un adoctrinamiento propio de la organización ilegal. A estos se suman los niños que usaba como escudos humanos ante las autoridades que, en su mayoría, eran indígenas e hijos de otros guerrilleros.

A su vez, los hombres de inteligencia encargados de la baja de Uriel, tuvieron pistas de su escondite con ayuda de acciones propias de él, entre las que se encontraban envíos y recibimientos de provisiones por parte de estudiantes de varias zonas del país, el uso de antenas de comunicación, radios y computadores y su actividad frecuente en redes sociales.

Créditos: Infobae